sábado, 27 de noviembre de 2010

Uno no se vuelve viejo por haber vivido
un cierto número de años.
Se vuelve viejo 
porque ha desertado de sus ideales.
Los años arrugan la piel,
pero renunciar a un ideal arruga el alma.

Las preocupaciones, las dudas,
los temores y las desperanzas
son los enemigos que lentamente
nos hacen inclinar hacia la tierra
y convertirnos en polvo antes de la muerte.

Joven es el que se asombra y se maravilla...
el que pregunta como niño: "¿Y después...?"
Joven es el que desafía los acontecimientos
y encuentra alegría en el juego de la vida.

Las pruebas lo galvanizan,
los fracasos lo vuelven más fuerte,
las victorias lo vuelven mejor.