Uno no se vuelve viejo por haber vivido
un cierto número de años.
Se vuelve viejo
porque ha desertado de sus ideales.
Los años arrugan la piel,
pero renunciar a un ideal arruga el alma.
Las preocupaciones, las dudas,
los temores y las desperanzas
son los enemigos que lentamente
nos hacen inclinar hacia la tierra
y convertirnos en polvo antes de la muerte.
Joven es el que se asombra y se maravilla...
el que pregunta como niño: "¿Y después...?"
Joven es el que desafía los acontecimientos
y encuentra alegría en el juego de la vida.
Las pruebas lo galvanizan,
los fracasos lo vuelven más fuerte,
las victorias lo vuelven mejor.